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El Mundo, 19 septiembre 2025

Durante casi seis años, las Naciones Unidas me han encomendado la tarea de informar sobre las soluciones más prometedoras del mundo para erradicar la pobreza. Hoy puedo afirmar con seguridad que —a pesar de lo que nos han hecho creer políticos, economistas, expertos en desarrollo e incluso las instituciones de la ONU— la respuesta no es simplemente estimular el crecimiento económico.

Como dejé claro en el informe de 2024 a la ONU sobre cómo erradicar la pobreza más allá del crecimiento: aunque históricamente se ha prometido la erradicación de la pobreza a través del “efecto goteo” o la “redistribución” de la riqueza, el crecimiento económico, en cambio, a “fluye hacia arriba” beneficiando a unos pocos privilegiados.

Vivimos en un planeta que nunca ha sido más rico. Los multimillonarios vieron crecer sus fortunas en 2 millones de dólares estadounidenses al día de media en 2024 y se espera que haya cinco billonarios en la próxima década. Sin embargo, el número de personas que todavía viven en la pobreza —alrededor de 3.500 millones según el Banco Mundial— apenas ha cambiado desde 1990.

La búsqueda interminable del crecimiento a toda costa, junto con el consumo y la producción incesantes que la acompañan, también está llevando a nuestro planeta más allá de sus límites. Desde 1973, hemos estado viviendo por encima de la biocapacidad de la Tierra: consumimos más recursos de los que se reponen naturalmente y vertemos en el medio ambiente más residuos y contaminación que los ecosistemas pueden absorber.

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